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Okapi

OkapiEl Okapi, Okapia johnstoni o u Ocapi es un animal africano con un aspecto realmente impresionante. A simple vista puede parecer el resultado de cruzar una cebra con una jirafa. Tiene un cuerpo compacto, más bien corto y con el dorso descendiente. Tiene el cuello largo, pero algo más corto que el de las jirafas. Sus patas son extremadamente largas, lo que les confiere un aspecto muy gracioso.

Las orejas del Okapi son largas y tienen en el centro de la cabeza una especie de cuernos apuntando hacia la parte trasera. El Okapi es un animal cromado de un color cobrizo oscuro, pero destacan sus patas traseras blancas con rayas negras muy similares al patrón de una cebra. En ocasiones sus laterales pueden ser grisáceos. Su cuerpo acaba en una pequeña borla de pelo tupido. Se trata de un mamífero artiodáctilo. El Okapi es el pariente más cercano a la jirafa que todavía no se ha extinguido. Los profesionales en ocasiones lo mencionan como el fósil viviente porque es una criatura realmente increíble.

De hecho, es muy similar a los primeros jiráfidos que convivieron durante el Mioceno. Se trata de un animal impresionante que suele habitar las selvas más densas que pueblan la parte superior de la República Democrática del Congo. Suelen vivir cerca de ríos caudalosos como el Ituri. Los cuernos del Okapi no tienen una utilidad aparente. Tienen una lengua prensil muy ágil que es capaz de alcanzar las hojas más distantes. El Okapi puede alcanzar un tamaño que ronda los dos metros de altura, mientras que la longitud de su cola puede ascender hasta los cincuenta centímetros. Los ejemplares adultos pesan hasta trescientos kilos.

Origen y Descubrimiento

El Okapi fue un animal desconocido en las tierras de occidente hasta bien entrado el año 1890. Un explorador llamado Henry Morton Stanley visitaba las orillas del río Congo bajo las órdenes de un rey belga cuando vio que los nativos de la zona no se mostraban impactados al ver sus caballos, animal que por aquel entonces no había pisado nunca aquellas tierras. Los habitantes de la zona dijeron que en sus selvas vivía una especie muy similar, de ahí que no sintieran el más mínimo atisbo de asombro al ver a los equinos. Las historias que el explorador escuchó sobre ese misterioso ser hicieron que el inglés Harry Johnston tuviera la valentía de buscar esa especie que hasta entonces era desconocida para la ciencia, por lo que durante el año 1899 se embarcó en esa gran aventura. Jonhston conoció gracias a los habitantes de las tribus de la zona que el Okapi era un animal similar a un asno pero con un color más rojo, con rayas blancas y negras en la parte trasera. Eso le llevó a pensar que podía tratarse de una nueva variedad de cebra, ya que hasta el momento no existían cebras conocidas viviendo en áreas tropicales.

En el año 1900 Johnston consiguió pieles de Okapi que mandó rápidamente a la Zoological Society de Londres. Los investigadores dijeron que no pertenecían a ninguna especie de cebra, por lo que el animal fue nombrado por entonces Equus johnstoni. Al volver a la zona Johnston encontró un rastro y vio que las huellas tenían solo dos dedos, por lo que rápidamente supo que el Okapi era un artiodáctilo y no un équido lo que hizo que tuvieran que cambiarle el nombre. Karl Eriksson, comandante destinado en la zona, le mandó más pieles y unos cráneos. Cuando Johnston regresó a Londres los especialistas pudieron determinar que el Okapi era una especie de jirafa de bosque y entonces recibió su actual nombre Okapia johnstoni. Después de casi cincuenta años sin ver un solo ejemplar en libertad, durante el año 2006 volvieron a redescubrir al Okapi en la República Democrática del Congo.

Características

Las características del Okapi son muy particulares y la gran mayoría de ellas pueden apreciarse a simple vista. Sus proporciones son muy similares a las de los asnos. Su cuerpo mide unos setenta centímetros de altura, pero se alarga mucho gracias al cuello.  Pesan sobre los trescientos kilos y tienen unas orejas muy largas. Su lengua prensil facilita el acceso a toda la vegetación de la que se alimentan. Con ella también tienen acceso a las frutas más altas de los árboles. Pueden mover las orejas con facilidad, por lo que su oído es uno de los sentidos más agudos que poseen. El Okapi se defiende de sus depredadores dando coces. Son animales muy huidizos, de ahí que sean tan difíciles de encontrar. Tiene un pelo terso, muy similar al terciopelo. En sus pezuñas poseen dos dedos muy similares al de las jirafas. Los Okapis tienen unos rasgos físicos únicos fáciles de diferenciar.

Distribución

Son animales de bosque tropical, por lo que suelen vivir en las selvas pobladas que inundan la parte norte de la República Democrática del Congo. Se han encontrado ejemplares también en Uganda, aunque no son tan comunes. Al vivir en zonas abruptas y con mucha vegetación son realmente complicados de encontrar, pero todos los ejemplares vistos se han hallado muy cerca de los cursos del agua. Son animales bastante solitarios y es difícil verlos en grupos.

Historia Natural

El sentido del oído del Okapi está muy desarrollado y son capaces de escuchar a grandes distancias. Sin embargo, tienen un olfato todavía más poderoso siendo ese su sentido más pronunciado. Las crías de los Okapi pueden emitir muchos sonidos para comunicarse con sus padres. Sin embargo, los adultos apenas pronuncian ningún tipo de sonido. Son animales totalmente herbívoros y se alimentan de brotes, tallos y hojas verdes de muchísimas especies de plantas diferentes. Pueden alimentarse también a base de hongos y de frutas que van encontrando por la zona. Ingieren algunas especies venenosas para los humanos sin que eso tenga ninguna consecuencia para ellos. Su área de distribución es impenetrable, lo que impide saber a los expertos con exactitud cuántos animales de esa especie existen actualmente en estado salvaje. De todos modos su escasez hace que los Okapi sean considerados animales vulnerables.

Reproducción

De cada Okapi suele nacer una sola cría. Los Okapis recién nacidos pesan unos quince kilos. Las hembras tienen descendencia entre agosto y octubre. La gestación es bastante larga, pues puede prolongarse hasta los 450 días. Las hembras alcanzan la madurez sexual en torno a los dos años de edad, pero los machos tardan incluso más. Cuando son jóvenes las crías de Okapi no son capaces de diferenciar a sus madres de otras hembras, por lo que es fácil ver como unos ejemplares adoptan a otros cuando ven que las crías han perdido a su madre biológica. Son animales que pueden vivir una media de treinta años.

Comportamiento

Los etólogos lo han tenido muy difícil a la hora de descubrir el comportamiento salvaje de los Okapis porque son animales realmente complicados de encontrar. Tienen un carácter esquivo y suelen vivir de forma solitaria. Son mamíferos extremadamente cautelosos. Suelen ser territoriales y cada individuo defiende su área con mucho tesón. Los machos y las hembras conviven juntos únicamente durante el momento de la reproducción. Los Okapis duermen normalmente de pie. Durante el día se mantienen escondidos entre la maleza. Cuando se mantienen dormidos sobre el suelo sostienen la cabeza sobre las rama de los árboles. Tienen costumbres más bien nocturnas. El único depredador de su zona a parte de los humanos es el leopardo, aunque no suelen ser presas habituales.

Relación Entre el Okapi y el Hombre

Por desgracia la relación entre las personas y los Okapis es más oscura de lo que debería. La piel de esos animales es muy apreciada por los pigmeos que habitan la zona, ya que la utilizan muy a menudo para realizar sus cinturones y las fundas de los objetos más afilados como los machetes o los cuchillos. Son animales fáciles de capturar mediante el uso de trampas, porque no hay muchas especies de gran tamaño habitando esos territorios. Sin embargo, durante los últimos años se ha intentado evitar esa caza indiscriminada porque su hábitat es muy restringido y no quedan demasiados ejemplares. El Okapi está presente en la lista roja del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza, espacio en el que se encuentran todas las especies que corren peligro de extinguirse en pocos años.

Estado de Conservación y Peligro de Extinción

El Okapi no está en peligro de extinción, pero la destrucción de su hábitat y la caza furtiva han hecho que sean considerados animales amenazados. Actualmente se estima que hay entre 10.000 y 15.000 ejemplares en estado salvaje. El estudio continuado de los Okapis en la República Democrática del Congo han mejorado su estado de conservación. Sin embargo, los conflictos armados de la zona han perjudicado la profundidad de las investigaciones. La Sociedad Zoológica de Londres, que es una de las que más de cerca ha estudiado a esa especie, aseguró que sus dispositivos captaron imágenes de los Okapis en el Parque Nacional de Virunga. Eso hasta entonces era insólito porque esa reserva se encuentra a cientos de kilómetros del lugar en el que se supone que vivían.

Fotos del Okapi

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Vídeos

Lista de Zoos con Okapis

El Okapi es casi imposible de encontrar en estado salvaje, por eso si estás pensando en ver a un animal de esa especie en persona lo mejor es acudir a un zoológico. A lo largo de todo el mundo existen numerosas reservas que los mantienen con fines de conservación, con el principal objetivo de conseguir que se reproduzcan para evitar así su extinción. Se pueden ver Okapis en los siguientes zoos de todo el mundo entre otros:

  • Tiergarten Schönbrunn, Austria.
  • Rotterdam Stuttgart.
  • Chester Zoo, Inglaterra.
  • Cologne Zoo, Alemania.
  • Zoo Basel, Suiza.
  • Yokohama Zoological Gardens.
  • Ueno Zoo, Tokyo.
  • National Zoological Gardens of South Africa.
  • Brookfield Zoo Chicago, Illinois.
  • Saint Louis Zoo, Missouri.
  • Bronx Zoo, Nueva York.
  • Columbus Zoo & Aquarium.
  • Cheyenne Mountain Zoo.
  • Omaha’s Henry Doorly Zoo, Nebraska.
  • Disney’s Animal Kingdom.
  • Dallas Zoo, Texas.
  • Houston Zoo, Texas.
  • Oklahoma City Zoo.
  • Philadelphia Zoological Gardens.
  • Cincinnati Zoo and Botanical Garden, Ohio.
  • San Diego Zoo, California.
  • San Diego Wild Animal Park, California.
  • Denver Zoo, Colorado.
  • Zoo de Lisboa.

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